La visita de Putin a Corea del Norte: fiesta de feos excluidos y peligrosos

Putin y Kim, un abrazo que trata de infundir miedo... y lo infunde.

En su intimidad, ambos clamaban por una oportunidad así, en la que el mundo los mirara mientras, en apariencia sinceros, firmaban un “acuerdo de asociación estratégica” y se ofrecían apoyo irrestricto, colaboración permanente, y, cómo no, una mano en ciertos asuntos bélicos y militares. En especial, esto.

Y Vladimir Vladimirovich Putin, 74, y Kim Jong-Un, 42, lo lograron.

Hoy, dos días después, el mundo bélico y militar tiene en cuenta las posibilidades de la alianza que firmaron el veterano espía ruso y el enigmático y sibilino coreano del norte.

Que del acuerdo de estos dos líderes marginados por el resto del mundo se desprenda un incremento notable en la amenaza atómica global, no les preocupa. Al fin y al cabo, detrás de eso está el  pacto de defensa mutua en caso de agresión.

El mayor beneficiado es Putin, urgido como está de apoyo para de salir del estancamiento en que se mantienen las tropas rusas en la invasión a Ucrania. Y Kim necesita un amigo grande que lo apoye si decide salir al recreo a golpear a alguien.

Putin fue a Pyongyang a una especial de baile de feos y excluidos, a quienes el mundo dice no querer, para hacer ver que, para Rusia y Corea del Norte están dispuestas a demostrar que hacen más unos vecinos cercanos, que unos parientes lejanos.

Baile de feos y excluidos, y, además, comunistas, pues el gobierno de Putin se encargó de difundir pequeños detalles de su vida, como el de que jamás destruyó su carné de miembro del Partido Comunista Soviético.

Putin necesitaba con urgencia una amenaza como la que representa Kim, cuyo poder atómico asusta de verdad, pues aún sus cohetes siguen cayendo lejos de los puntos señalados para caer.

Es decir, de puntería, nada, y eso es bueno en caso de un conflicto a gran escala, pues todo el mundo estaría más pendiente de que los fierros coreanos no caigan en su patio, que de si Putin avanza o no, p. ej., en busca de los países bálticos.

Putin bo busca precisión, sino, exactamente, lo contrario, como lo que sucede en una piñata, en la que el festejado reparte palo a todos lados. Casi nunca le acierta al paquete de caramelos y chucherías, pero reparte garrote sin control, algo divertido… y muy aprovechable.

Y Kim buscaba con afán apoyo, aunque fuera condicionado, para superar las necesidades económicas de su país, falto de alimentos, combustibles y energía.

El acuerdo de asistencia recíproca tiene tanto de ancho como de largo, y, en realidad, dice lo que no dice. Por eso, inquieta a Occidente.

Por ejemplo: para el caso de un ataque exterior a Correa del Norte, provocado o no, Rusia debe responder, según el artículo 4 del acuerdo, que habla de asistencia militar y de otro tipo. ¿De qué otro tipo? Eh, ahí el detalle. Podría abarcar desde el suministro de armas y tecnología militar hasta permitir que Rusia use parte de Corea del Norte su territorio para operaciones militares o enviar soldados al campo de batalla.

La historia recuerda que en 1961, el entonces líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Nikita Sergeyevich Khrushchev, firmó un tratado similar, precisamente, con Kim Il-sung, abuelo de Kim Jong-Un y fundador de Corea del Norte.

A Estados Unidos, convencido de que es la potencia militar hegemónicas en el planeta, no le preocupa que estalle una nueva guerra en el sureste asiático, sino la falta de una o la posibilidad de una.

Por eso, con el pretexto de expresar inquietud por el acuerdo ruso-norcoreano, el Departamento de Estado dijo que la profundización de esa cooperación “debería preocupar a cualquiera que esté interesado en mantener la paz y la estabilidad en la península coreana". Allí, no en otro lugar…

De ahí que, como dicen un análisis de prensa, “probablemente, uno de los primeros efectos que tendrá el pacto en el corto plazo es el reforzamiento de la relación y los vínculos de Japón y Corea del Sur con Estados Unidos, que ya se fortalecieron durante el año pasado con el acuerdo de seguridad que se firmó en Camp David. Si bien se espera que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el primer ministro japonés, Fumio Kishida, y el presidente surcoreano, Yoon Suk Yeol, se reúnan en julio en una cumbre en la que Estados Unidos pueda reafirmar su compromiso con la disuasión ampliada, o el "paraguas nuclear" que proporciona a sus aliados asiáticos, la acción de EE. UU. y sus aliados podría verse comprometida si el gobierno de Kim intentara utilizar armas nucleares”.

De otro lado, el acuerdo también dejó a China al margen, una posición inusual para el mayor benefactor de Corea del Norte.

“El pacto crea más dolores de cabeza para Pekín que se ha mantenido muy cuidadosamente alejada de la óptica de un eje China-Rusia-Corea del Norte”, le dijo el experto en política china Yun Sun al diario The New York Times.

Sun considera que el pacto entre rusos y norcoreanos podría llevar a que la triple alianza entre Tokio, Seúl y Washington aumente su presencia de tropas en la periferia del gigante asiático, algo que a China le podría incomodar.

Y, si bien China y Corea del Norte también tienen un tratado de amistad, los chinos han sido cautelosos en explicar cuáles son los alcances reales de su alianza.

“El tratado de amistad entre China-Corea del Norte tiene un lenguaje casi idéntico sobre la defensa mutua. Es importante destacar que, en ambos casos, esta cláusula depende de que cualquiera de los países sea atacado, no simplemente de encontrarse en estado de guerra. Esto significa que hay preguntas sobre si las acciones agresivas u ofensivas realmente desencadenan esta cooperación”.

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