Gonorreeea

Dr. Polito

Pasarán muchos años antes de olvidar el impresionante coro bogotano en recientes conciertos de LosPetitFellas, Dr. Crápula y Cuarteto de Nos (https://x.com/search?q=abelardo%20gonorrea%20concierto&src=typed_query&f=top=).

A quién se referían los miles de muchachos que coreaban, no lo sé, no me quedó claro, pero para tratar a alguien de gonorrea se necesita que ese alguien sea de lo peor, como persona.

Algo así como una piltrafa.

Lo que le gritaban es que no quieren saber nada de él.

Que lo combatirán, que están listos para hacerle frente.

En síntesis, que no le tienen miedo.

Desde luego, es una interpretación mía.

Es que los conciertos se dieron en un ambiente de mucha conciencia política, de resistencia, de respuesta en voz alta.

Como dice La Causa, la canción que es una especie de himno del  levantamiento popular contra las políticas del inútil Iván Duque,

“Estamos ready, ready, estamos puestos pa’ la causa”.

Por hechos como los conciertos, me preocupo por tratar de entender a los humanos, los seres más incomprensibles de la naturaleza. Y los más jóvenes.

Después de ellos no ha surgido una nueva especie.

Bueno, la de los actuales gobernantes latinoamericanos, pero, en realidad, es mejor llamarlos plaga.

¿O gonorreas?

“Javiermileeei, gonorreeea, el pueblo no copea…” La verdad, no suena mal.

“Nayibbukeeele, gonorreeea, el pueblo no copea…”, tampoco.

Pero, volvamos a los bogotanos, síntesis exquisita de los

colombianos.

El apoyo juvenil a los artistas de Rock al Parque, se debió traducir en una noche de desvelo para el tal gonorrea, sea quien sea.

Quizás pasó la madrugada averiguando, a la manera del nuevo inquilino de San Carlos, qué mondá es esa banda terrorista, criminal, a la que habrá que denunciar ante los patrones en Washington.

Hasta petristas serán esos miserables, a los que habrá que destripar. Que no se quejen cuando el tigre les muerda el jopo.

O, quizás, ni se enteró, pero de todas maneras pasó la noche en claro, tratando de entender en qué berenjenal anda metido.

Este de los conciertos no es la única protesta colombiana de los últimos días.

En un vídeo que desapareció, se apreciaba a un grupo de jóvenes de Sincelejo, gritando desde un automóvil: “Abelardo car’emondá, o se compone o se va”. Lo mejor del vídeo: los aplausos y los puños en alto de los sincelejanos.

Si se referían al presidente, fue en Sincelejo donde, aprovechando las cámaras del Estado, se desparramó en acusaciones contra el alcalde de la ciudad, al que trató, valga el abuso de la comparación, como si fuera un gonorrea.

Gonorrea…, gonorrea… Suena fuerte el término. Quizás sea por efecto de la doble r.

Es una buena oportunidad para que los lingüistas del Instituto Caro y Cuervo estudien el uso de esta palabra.

Desde luego, al director Sergio Esteban Vélez, se le van a parar los pelos en punta.

Amenazará con excomunión inmediata, y ordenarán, de inmediato, una novena en honor de San Abelardo.

A propósito, ¿sabrá Vélez que ya no le dicen Niño Poeta de los Buses, sino Niño Polla de Yerbabuena?

¡Ay, estos colombianos… Son humanos como pocos en el planeta. Su imaginación no tiene límites y sus lenguas son estiletes de Toledo…

Pero son mis preferidos.

Por ahora, me dedicaré a desentrañar a quien le gritaban, y el objetivo del multitudinario coro: Abelaaardo, gonorreeea, el pueblo no copea…

Un verso que no se le hubiera ocurrido ni al Niño Polla de Yerbabuena. Si acaso, en voz muy baja hubiera preferido blenorragia…

¡Ay!, Cristo Rey.

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