No ha muerto...

Por Dr. Polito

La invitación es clara. Cualquier colombiano puede violar la ley, sin consecuencias.

La decisión de los recién llegados es comenzar a trabajar en un cuartel.

Son los destinatarios del mandato constitucional de debutar en el Congreso.

Pero, no obedecen.

Y, si no lo hacen, ¿por qué los demás ciudadanos deben cumplir las normas legales?

Nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley.

Aunque tenga apellido extranjero y triple nacionalidad.

Entonces, que no haya represalias contra quien desobedezca las leyes, y, menos, las que dicten los neo y los nuevones y los primíparos despistados.

Hay capricho, más que otra cosa, en alguien que ignora mucho y olvida lo poco que sabe, solo para su beneficio.

Únicamente, para que sepan todos que “ahora, aquí mando yo y se hace lo que diga yo”.

“¿Que el pueblo decide? ¿Qué es esa mondá? Erda…, ¿qué es esa currutela?

En resumen, el Estado soy yo. Y punto (Fin del comunicado).

Con el ajeno y desgastado “gústele a quien le guste” como excusa final.

Así, mal se comienza. Y lo que mal empieza, no hay duda, mal termina.

Ya probarán su guiso los nuevos cocinantes.

Lo amargo y lo ácido lo ponen ellos, desde antes de arrimar los tizones encendidos a la olla.

(Que no, caramba, que no al wok. A la olla; mejor dicho, al caldero.

Eso de wok queda decidida, absoluta, terminante y definitivamente prohibido). Por orden mía…

Pero, que mañana no hay ni quejas ni ayayayes.

Desobedecer las leyes, no es innovar, ni mucho menos.

Es pasarse por el fondillo la voluntad popular expresada en sus normas

Desde luego, no se puede olvidar que, para los advenedizos, la institucionalidad es papel para pasarse por detrás de la mondá.

En términos del nuevo diccionario, claro…

Es el tiempo del Gran Burundún-Burundá.

Tiempo de miedo, como nunca antes.

De respiración acezante luego de largas carreras.

De escondites a como cobren.

De aullidos de dolor en la noche.  

De destripamientos. De muchos destripamientos. Millones de destripamientos.

Es la promesa formal.

Y, a propósito de miedos, parece que es muy grande el que sienten los encargados de proteger la integridad de la Carta, y los responsables de procesar y castigar a quien la vulnere…

En el caso de ellos, es pura cobardía. ¿Cómo dicen, ustedes, los humanos: ¿acoclillarse, acoquillarse o aculillarse?

Dejémoslo en aculillarse.

Me encanta el término, porque traduce lo que sienten esos personajes: culillo, es decir, espasmos en el culo.

El culillo surge cuando, por ejemplo, un tigre, así sea de papel, les salta a su camino de rosas y de mullidos tapetes de privilegiados y ambicionadores cogobernantes.

¡Guácalas! Sin duda, el Gran Burundún-Burundá ya los sometió. Ya les prohibió hablar.

En adelante, solo rebuznarán, aullarán, rugirán, ladrarán, cacarearán, mugirán, piarán, chillarán, gruñirán… cuando deban decir lo que les ordena…

Hay que decirlo ahora. Ni un instante más tarde.

¡Ay!, Jorge Zalamea, te equivocaste. El Gran Burundún-Burundá no ha muerto.

Comprúebalo. Escucha a estos humanos hoy, porque, mañana, articular palabra será una ofensa al amo, señor y dueño de voluntades. Y de la vida y de la…

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