¿Arrodillados? ¡Mejor!

La India Menta

La llegada de un nuevo gobierno de derecha (uno más, como para variar un poco la historia del país) tiene a muchos medios de comunicación en absoluta complacencia, pues ahora resulta que poco o nada se cuestiona la libertad de prensa, sino que se aplauden sin timidez los caprichos del mandatario entrante.

En la transmisión radial de este 6 de agosto de 2026, por ejemplo, a Julio Sánchez Cristo se le hizo fácil admitir que el nuevo gobierno le había restringido el acceso a la prensa en Cali, e incluso afirmó que no había ningún inconveniente en que la transmisión de la posesión la hagan medios privados, en lugar de alguno público, y que, si ya era una decisión tomada, el presidente podía hacer lo que quisiera.

Con esa tranquilidad, en apenas segundos, quedaron totalmente aprobados los caprichos, sesgos y el autoritarismo sin un solo cuestionamiento, sin un asomo de controversia, como sí ocurrió a diario con Gustavo Petro.

Durante el cuatrienio progresista que termina resulta innegable advertir que la enorme mayoría de medios corporativos instauraron lo que académicos han llamado antipopulismo, una tendencia que solo ha conducido a la politización de los medios, que pasaron a intervenir activamente en política, más que a informar sobre ella.

En consecuencia, los medios dejaron de operar únicamente con una lógica periodística, y llegaron a una lógica política, que contribuyó a organizar coaliciones “de bien” contra los adversarios progresistas.

La anécdota de Sánchez Cristo es apenas una parte de lo que a partir de este 7 de agosto se consolidará como paralelismo político, es decir, el cómodo alineamiento entre medios y el bloque político de derecha, con todas sus vertientes.

El riesgo ahora es que esa transformación puede erosionar los principios del periodismo, como la autonomía profesional, y pondrá aún más presión al oficio desde las preferencias ideológicas de las audiencias.

Sin cuestionamientos, solo queda la renuncia a la crítica que caracterizó buena parte del periodismo colombiano entre 2022 y 2026; la sustitución del escrutinio por el servilismo y la legitimación acrítica del discurso y de las decisiones del poder. La vigilancia de los gobernantes cede así su lugar a un periodismo dispuesto, de aquí en adelante, a ajustarse las rodilleras.

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