En el poder en Irán desde 1981, el ayatolá Sayyid Alí Joseiní Jamení, convirtió a la República Islámica en una potencia regional, aplastando brutalmente a la disidencia en su país y manteniendo una inquebrantable hostilidad hacia Estados Unidos e Israel.
Al morir, el sábado, bombardeado, tenía 86 años.
Jamenó nació en circunstancias modestas como el segundo de ocho hijos el 19 de abril de 1939 en Mashhad, al noreste de Irán, la segunda ciudad más grande del país.
Su padre, Sayyid Jawad Jamení, era un clérigo de rango medio a quien se consideraba asceta y devoto. Su madre, Khadijeh Mirdamadi, también procedía de una familia clerical.
En su autobiografía oficial, el ayatolá Jamení la describió como una “mujer muy sabia, culta y versada, que gozaba de dotes poéticas y artísticas”.
Desde los 4 años, recibió educación en seminarios islámicos. A los 13 años, dijo, sintió los primeros impulsos de celo revolucionario cuando escuchó un discurso del militante islámico Navab Safavi.
Tras un año de estudios en Nayaf, Irak, regresó a Irán y a la ciudad santa de Qum, donde a los 19 años cayó bajo la influencia de Jomeini.
También lo influenciaron los escritos de Sayyid Qutb, ideólogo fundamentalista egipcio y partidario del Estado islámico, algunas de cuyas obras tradujo Jamení del árabe al persa.
Su eterno turbante negro era señal de que descendía en línea directa del profeta Mahoma, algo que nunca fue probado, pero tampoco, puesto en duEn 1963, una época de gran efervescencia por los esfuerzos del sah por modernizar Irán, el joven Jamení sirvió como mensajero secreto entre Jomeini en Qum y los clérigos en Mashhad. Ese mismo año, fue detenido por primera vez (sería detenido en otras cinco ocasiones) por la policía secreta del sah y pasó una noche en la cárcel.
Un año después se casó con Khojasteh Bagherzadeh. Aunque se sabe poco de ella, la pareja tuvo seis hijos: cuatro varones, Massoud, Mojtaba, Mostafa y Meysam, y dos hijas, Bushra y Hoda. No se dispuso de inmediato de una lista completa de quienes le sobrevivieron.
Jamení sacó mucho partido de sus seis detenciones, como una prueba de sus credenciales revolucionarias, y culminaron a mediados de la década de 1970, cuando estuvo recluido en régimen de aislamiento antes de ser desterrado, primero a Iranshahr y luego a Jiroft, ambas en el sureste de Irán.
Durante muchos de estos años, Jomeini estuvo exiliado de Irán, hasta su triunfal regreso a casa tras la huida del sha Mohammad Reza Pahlevi, a principios de 1979, en medio de un levantamiento contra el largo y represivo gobierno del monarca.
Jomeini declaró a Irán república islámica y designó a Jamení para dirigir las oraciones del viernes en Teherán, uno de los principales puntos de encuentro de la revolución. Jamení también fue brevemente viceministro de Defensa y supervisor de la Guardia Revolucionaria.
En noviembre de 1979, después de que Estados Unidos admitiera al saha exiliado para recibir tratamiento contra el cáncer, estudiantes revolucionarios tomaron la embajada estadounidense, y así se desencadenó una crisis de 444 días con rehenes.
En junio de 1981, Jamení resultó gravemente herido al estallar en una conferencia de prensa una bomba oculta en una grabadora por opositores al régimen clerical, que le dejó el brazo derecho incapacitado.
Con el respaldo de Jomeini, Jamení se convirtió en presidente en octubre de 1981 y ocupó el cargo durante dos mandatos, hasta el 3 de agosto de 1989.
En la pugna por suceder a Jomeini tras su muerte en 1989, las credenciales clericales de Jamení no cumplían los requisitos constitucionales. Pero, según relatos de la época, el presidente del Parlamento, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, y el hijo de Jomeini, Ahmad, mantuvieron que el último deseo de Jomeini había sido que Jamení le sucediera.
Como líder, adoptó una postura humilde, y se llamó a sí mismo “un individuo con muchos defectos y carencias, y verdaderamente un seminarista menor”.
Parecía vivir modestamente en un complejo de oficinas y vivienda, donde se reunía con jefes de Estado en una sala escasamente amueblada con una alfombra beige, un sofá y unas cuantas sillas de madera. Las pocas fotos de su residencia privada muestran cojines alineados contra la pared en el suelo.
Muchos detalles de su vida privada y sus finanzas siguen siendo opacos. En 2013, controlaba un conglomerado empresarial de propiedad estatal valorado en unos 95.000 millones de dólares, creado a partir de “la incautación sistemática de miles de propiedades pertenecientes a iraníes de a pie”.
Aunque el negocio le proporcionó un enorme poder económico, no se han encontrado pruebas de que el ayatolá lo utilizara para enriquecerse.
Jamení no tuvo reparos en adoptar posturas que eran anatemas en otros lugares.
Rechazó el Holocausto como “el mito de la masacre de judíos”. En 2005, confirmó el mandato religioso emitido por su predecesor que instaba a las personas musulmanas a acabar con la vida del novelista Salman Rushdie por acusaciones de que su libro Los versos satánicos era blasfemo. En agosto de 2022, un hombre de 24 años de Nueva Jersey atacó a Rushdie con un cuchillo y lo apuñaló 10 veces.
Los medios estatales iraníes lo calificaron de “castigo divino”.
La obstinación de Jamení a veces perjudicó a los iraníes, como durante la pandemia de la covid. Además de una planificación caótica, falta de transparencia y negativa a imponer cuarentenas, el ayatolá prohibió las vacunas contra el coronavirus fabricadas en Estados Unidos y el Reino Unido, e insistió en que Irán produjera las suyas propias.
Esa decisión probablemente contribuyó a una cifra de víctimas mortales que superó las 100.000.
“Era arrogante, letrado, obstinado, vengativo, incapaz de aceptar los errores, poco dispuesto a hacer concesiones y dado a las teorías conspirativas”, dijo Abbas Milani, historiador y director de estudios iraníes en la Universidad de Stanford.
“Estaba constantemente en guerra con enemigos reales e imaginarios. Sus políticas condujeron a Irán al aislamiento internacional y a un despotismo esclerótico en el interior”.
Tras más de 35 años en el poder, Jamení había modelado la República Islámica a su imagen y semejanza.