La India Menta
Muchas veces hemos visto que la inspiración de las artes proviene, en gran medida, de la realidad. Las ficciones, las exageraciones y hasta la carnavalización de la cotidianidad terminan convertidas en temas de música, pintura, literatura y otras manifestaciones que nos recuerdan lo absurda que puede ser la vida cuando se la mira desde una óptica de análisis, crítica o sátira.
Pero ahora parece ser la ficción la que se convierte en vivencia, con vertiginosa rapidez y sin que muchos alcancen a advertir el riesgo del autoritarismo, aparentemente frívolo, del hombrecito que gobierna a Colombia.
En la novela 1984, de George Orwell, encontramos una forma de gobierno que controla los movimientos y los pensamientos en una Londres aterradora, donde solo existe un orden establecido, so pena de la «vaporización»: la desaparición material, jurídica y social de quienes no hacen lo que se les dice.
Sí, estimados lectores, algo muy parecido a esa famosa idea de «destripar a la izquierda», a esa «plaga», a ese «cáncer» al que se refirió el hombrecito durante su campaña.
Pero aún más aterrador que esta coincidencia es el paralelismo entre los ministerios de la imaginación de Orwell y el proyecto de país que se configura desde el actual gobierno.
En la novela, las instituciones significan exactamente lo contrario de sus nombres: el Ministerio de la Verdad se dedica a la propaganda, la manipulación de la información y la falsificación de documentos históricos; el Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; el Ministerio de la Abundancia administra la escasez y el racionamiento mientras proclama aumentos de producción; y el Ministerio del Amor, el más brutal de todos, se encarga de la vigilancia, la detención, la tortura y la reeducación de quienes son considerados enemigos del Partido.
Lo anterior resulta muy similar a la imagen que se filtró sobre el llamado «Ciclo del milagro», una diapositiva en la que se explicaban los ejes de la planeación del país: Milagro de la Vida, Milagro del Amor, Milagro del Saber, Milagro del Pertenecer, Milagro del Crear, Milagro del Servir y Milagro del Soñar.
¿Contradicciones y coincidencias? Todas. Pues se prevé, en nuestra realidad, el fortalecimiento de la guerra con un segundo Plan Colombia y el porte legal de armas «para el ciudadano decente»; el reencauche del manido discurso de la «ideología de género» —concepto que solo existe en sus cabecitas—; el fracking, a costa del derecho al agua y a un medio ambiente sano que durante años se ha buscado preservar. En fin, casi todo parece conducir a los lemas de la obra literaria: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.
Tampoco sobra mencionar el borrón que pretenden dar a la historia con el fin de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que también recuerda pasajes del libro en los que el Partido echaba mano del pasado para «decir que este o aquel acontecimiento nunca había ocurrido» (p. 30, 1984, George Orwell).
«Si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. “El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”» (Orwell, p.30).
En la novela no se trata solamente de mentir, sino de hacer que las personas convivan en un sistema en el que cambiar el significado de las palabras también cambia la percepción de lo que está ocurriendo.
Así, los abusos pueden presentarse como protección; la represión, como seguridad; la censura, como defensa de la democracia; la guerra, como garantía de paz; y hasta el sometimiento, como una expresión de amor y cuidado de la población.
Y ahí está quizá la verdadera ironía: En 1984, el Partido convirtió la guerra en paz, la esclavitud en libertad y la ignorancia en fuerza. Acá, sin recurrir a la imaginación, vamos camino de convertir la guerra, el miedo y el autoritarismo en milagros.
Ahora, el milagro no es la patria esa que se están inventando. El milagro será sobrevivir a ella.