Sr. Malajunta
La prensa institucional, p. ej. El Tiempo, ha llegado a extremos tan abyectos, que los hechos, por muy importantes que sean, dejaron de ser noticia, porque, ahora, la noticia es el presidente.
Cualquier cosa que ocurra es noticia, si y solo si es el presidente el que la anuncia, la comenta, la manosea.
Este domingo, ocurrió un hecho muy importante: cesó el fuego en un incendio que amenazaba a un ducto de gas en Tolima.
Pero, para el diario, eso no fue la noticia.
En primera plana de su edición digital, en tres inusuales líneas, publicó su principal titular así: “Presidente (…) confirmó control de incendio en Gualanday que amenazaba gasoducto en Tolima” (Los puntos suspensivos son edición del autor de este texto).
No importa que se haya apagado el fuego arrasador. Tampoco, que el gasoducto se hubiera salvado y, con él, quizás una tragedia.
Lo trascendental, lo importante, lo clave, lo noticioso fue que el presidente lo dijo.
A renglón seguido, en un sumario, el periódico repitió: “informó (el presidente) que la emergencia fue contenida en el sector, mientras continúan las labores contra otras conflagraciones”.
Si él no lo hubiera mencionado, para toda Colombia, probablemente la extensión del incendio no hubiera sucedido.
Aunque los bomberos del Tolima o las autoridades de ese departamento hubieran anunciado que el peligro quedó atrás, no hubiera sido un hecho publicado. Solo lo que dice el Milagrero Mayor se puede publicar.
Nadie tiene la oportunidad de ser fuente de un hecho noticioso importante. Solo él, el taumaturgo de vereda. El mero mero. El Gran Burundú Burundá. El Non Plus Ultra…
Los demás, que callen. Que ni siquiera abran la boca.
Pero, además, la información publicada repite palabras presidenciales hablando de lo obvio.
“…señaló además que seguirán las investigaciones para establecer las causas de las emergencias y que las operaciones se mantendrán hasta lograr apagar todos los incendios”.
Según los primeros principios del periodismo, del serio, del real, del verdadero, lo obvio, lo lógico jamás es noticia.
Y seguir combatiendo el fuego hasta apagarlo es de lo más obvio. Es lo que se espera, ¿o no?
Es lo mismo que cuando dicen que un crimen será investigado por las autoridades. Pues claro, obvio, lógico, es lo que corresponde.
Noticia sería que no lo hicieran.
Pero, claro, para la prensa de siempre, la arrodillada, la infame, la traidora de los intereses populares, si es El Hombre quien lo dice, es gran noticia y hay que publicarla.
Desde luego, depende del presidente.
Porque, hasta hace quince días, hechos muy importantes para beneficio de los colombianos fueron silenciados, aunque los anunciara el presidente Gustavo Petro.
Los grandes medios callaban respecto no solo de esos hechos, sino del propio presidente.
Lo nombraban solo para lanzarle acusaciones, muchas, muchas veces falsas, para vituperarlo, para ofenderlo, para desprestigiarlo, para pretender mermarle el respaldo popular.
En cambio hoy, cuando el Gran Mandamás anunció en campaña que iba a destripar a la izquierda, cobardes, arrodillados, abyectos, infames, todos los grandes medios callaron.
Los periodistas de esos medios no dijeron ni el mú que les corresponde como semovientes. Porque las redacciones de hoy no son más que hatos administrados por capataces ignorantes.
Por fortuna, no tuve oportunidad de ver cómo publicaron estos grandes medios la ocurrencia del gran terremoto.
Pero es muy probable que, a la manera del incendio, hayan publicado algo así como: “El presidente (…) anunció terremoto que destrozó a Colombia”.
Que millones y millones hubiéramos sentido el sismo y sufrido las consecuencias, los hubiera tenido sin cuidado. Eso no hubiera importado.
Lo noticioso era citar el nombre de quien no los gobierna sino que les ordena.
Hay que pregonar sus milagros, aunque hasta ahora no haya realizado ninguno. Ni los hará.
Para hacer milagros se necesita ser por lo menos buena persona.