Por Dr. Polito
Donald Trump tiene razón cuando afirma que Estados Unidos ya no es el policía del mundo.
Ahora es el delincuente. Como lo es Trump, según el jurado que lo condenó por falsear como gastos de campaña de 2016 una partida de 130.000 dólares.
El dinero fue para pagar, a través de su abogado, Michael Cohen, a la actriz porno Stormy Daniels, para sobornarla después de haber mantenido una supuesta relación extramatrimonial con ella en 2006.
Asesinar a mansalva a decenas de indefensos tripulantes de lanchas, invadir a bombazo limpio a un país soberano y matar civiles, y secuestrar a un jefe de Estado, sea quien sea, son crímenes.
En Colombia y en Cafarnaúm son delitos gravísimos (¿Trump y su monaguillo Marco Rubio conocerán el concepto de lesa humanidad?).
Desde luego, los estadounidenses, en general, y sus instituciones, no son criminales. Lo son quienes las administran y manejan el poder del Estado, es decir, los gobernantes.
Solo ellos pueden, en el caso de Venezuela, extorsionar al régimen.
Si no es para extorsionarlo, ¿para qué carajos dejaron en el poder a quienes lo manejaban, a condición de que hagan lo que les ordene Washington, o les irá peor que a Maduro?
"Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro", fueron las palabras textuales de Trump a The Atlantic, refiriéndose a la presidenta Delcy Rodríguez.
Es extorsión pura, al mejor estilo de la mafia: o haces lo que yo te ordeno, as{i sea por teléfono, o mejor que no hubieras nacido…
No hay diferencia entre Trump y un jefe gánster. Ninguna.
Desde luego que Trump y sus compinches saben lo que hacen. Delinquen con conciencia absoluta. Con impunidad que solo causa vómito.
Además, lo anuncian al mundo: nos vamos a quedar con el petróleo de Venezuela. Solo les ha faltado la frasecita colombiana esa de “duélale a quien le duela”, de quienes creen que cierto expresidente sub iudice es Dios.
Robar el petróleo —eso es lo que significa quedarse con algo (¿me copian?)— no parece, sin embargo, la razón de los crímenes en cadena de estos días.
No les será fácil reacondicionar la industria del crudo venezolano, nacionalizada mucho antes de Chávez, en 1976, por Carlos Andrés Pérez.
Al respecto, no se puede pasar por alto que Marco Rubio es, quizás, el principal activista (lobista, dicen algunos) en favor de Exxon Mobil, una de las dos petroleras a las que Pérez les quitó los contratos para crear PDVSA.
Y, ¿saben qué? Exxon aspira a regresar, a pesar de que cuando se fue le pagaron hasta lo que no cobraba. Exxon Mobil…, Marco Rubio…, promotor y diseñador de la invasión (¿a alguien no le queda claro?)
Pues si tiene confusiones, tal vez todo se le aclare cuando lea que, estadounidense de nacimiento, Rubio aspira a ser emperador de Cuba. Desde niño tiene esa aspiración…
La Isla es el principal objetivo del secretario de Estado, a través de Trump.
¿Cuántos millones de millones de dólares vale reconstruir a Cuba? Y, apuesto a que los lectores no adivinan para quién serían los contratos…
Es bueno recordar que Dick Cheney era el jefe de jefes de Halliburton Company.
De allí salió para asumir como Secretario de Defensa en el gobierno de George Bush padre, desde 1989 hasta 1993. Luego, regresó a Halliburton.
Pocos años después, Bush hijo inventó el cuento de las armas de destrucción masiva de Irak, e invadió ese país, del que, literalmente, no quedó piedra sobre piedra.
Y, para sintetizar: los ultramillonarios contratos de reconstrucción fueron, sí, para Halliburton. Al fin y al cabo, gobernar es siempre un gran negocio.
Y mucho mejor si hay que violar cualquier ley, sin que haya castigo.
Para eso se dispone de uno de los ejércitos más poderosos del planeta.
¿Alguien se opone? Hay plata o plomo, que diga, a ver…