No le quedó ni el ¡ajúa!

Por Dr. Polito

Quizás, como recluta, Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda hubiera podido tener algo de éxito, por ejemplo, organizando un aplauso.

Porque ni en el máximo grado del Ejército colombiano, ese militar puede organizar un golpe de Estado exitoso.

Es tan inútil, que solo tiene capacidad para pensar en la posibilidad de que su aullido, ese ¡ajúa!, que debió sacar de sus calzoncillos, fuera obligatorio para todas las Fuerzas Militares.

Por algo, una de las voces más circunspectas del uribismo, la congresista María Fernanda Cabal, no se guardó nada y dijo que “Zapateiro es un desastre, todo el mundo lo sabe menos este gobierno, que usted sabe que este gobierno nos tiene ad portas de una catástrofe”.

Por estos días, con su actitud de matón barriobajero, Zapateiro anda criticando al presidente Gustavo Petro, porque dijo que exfuncionarios de Iván Duque andan buscando darle forma a un golpe de Estado.

Zapateiro reaccionó de inmediato, porque quizás esté entre los conspiradores, y le pide a Petro “que más bien gobierne, porque no ha hecho nada”.

Él, el inútil Zapateiro, ¿pidiendo que alguien trabaje? Si será osado, ese corrupto que, cuando alguien en la posición que ocupaba, permite el abuso de la fuerza contra la población civil desarmada, está siendo corrupto. Y lo es más cuando, como resultado del abuso, hay muertos.

Y eso ocurrió cuando el estallido social de 2021 contra Iván Duque, otro corrupto de marca mayor.
¿Cómo puede no ser corrupto un militar que, en febrero de 2020, cuando se conoció la muerte del reconocido sicario John Jairo ‘Popeye’ Velásquez Vásquez, uno de los hombres de confianza del narcotraficante Pablo Escobar, Zapateiro se pronunció públicamente expresando sus condolencias a la familia del reconocido asesino, señalando expresamente que "lamentamos mucho la partida de Popeye".

En vez de andar preocupándose por si Petro hace o no hace, Zapateiro debería explicar las acusaciones sobre las que calló cuando era comandante del Ejército, en torno de los ‘falsos positivos’.

Al respecto, él se limitó a calificar a los magistrados de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), como ‘víboras venenosas’. Como si los jueces fueran de su misma calaña.

Además, Zapateiro es mentiroso. En septiembre de 2021, publicó un vídeo en que informaba que, según “fuentes de alta fidelidad” le habían confirmado que las disidencias de las Farc-EP habían asesinado en Venezuela al coronel Pedro Enrique Pérez.

Pero, pocos días después, se conocieron pruebas de supervivencia del oficial, y de que los guerrilleros lo tenían y que estaba vivo.

Queriendo pasarse de vivo, dijo que su vídeo había pretendido llamar la atencio2n de sus oficiales como deliberada estrategia militar, “para presionar la publicación de una prueba de supervivencia”.

Y no hay que olvidar que en 2019, el futbolista Juan Fernando Quintero señaló directamente a Zapateiro como el responsable de la desaparición de su padre.

En mayo de 2022, la alianza informativa de la Revista Cambio y Noticias Uno hizo pública una investigación que venía cursando contra Zapateiro desde 2020, en la cual, la Fiscalía General de la Nación, llevaba un proceso iniciado en virtud de compulsar copias que había hecho en 2019 una juez penal militar de Bucaramanga, al evidenciar presuntos hechos de corrupción cometidos entre 2013 y 2014, en una brigada que dirigía Zapateiro.

Los hechos consistían en el supuesto desvío de recursos pagados por empresas y minas que requerían de escolta militar para mover explosivos para sus operaciones industriales, recursos públicos que habrían sido apropiados ilegalmente por parte de Zapateiro y dos subalternos suyos, mediante la solicitud de pagos irregulares a cuentas de particulares diferentes a las de la brigada, que debía recibir tales dineros.

Y este inútil viene ahora a pedirle al presidente que trabaje y que deje de quejarse de que lo quieran tumbar...

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