Yo, El Gamonal

Por Dr. Polito  

Su actitud es la de matón de vereda, la de gamonal de pueblo. Es un corrupto, además de un traidor.

Que sea el presidente del Senado, lo único que ha producido es acentuarle esa manera de ser tan impúdica como repudiable.

¡Ay!, con este Leónidas arrogante, soberbio, atropellador, abusivo, obsceno y sí, de nuevo, corrupto.

¿Qué pretende con sus pataletas diarias? ¿Tender, quizás, una cortina de humo, sobre la investigación a la que lo tiene sometido la Corte Suprema de Justicia, lo mismo que a su primo José David, por su supuesta vinculación con la organización criminal Los Rastrojos Costeños?

O, tal vez, ¿echar más tierra sobre denuncias que lo responsabilizan de buscar la forma de beneficiar sus empresas inmobiliarias, con leyes que establezcan tarifas menos severas de tributación predial?

Es fiel retrato de su tío José, el rey de la ausencia del Congreso, que fue destituido como ministro de Trabajo y Seguridad Social en 1986, cuando el presidente Virgilio Barco Vargas comprobó que andaba de vacaciones en el Caribe mientras hacía creer que estaba ausente por enfermedad.

Leónidas es traidor, como su tío, cuando le hizo pistola al partido Liberal, y participó en la vergonzosa reforma del ‘articulito constitucional’ que permitió la reelección de Álvaro Uribe Vélez.

Este sobrino traiciona cada día a quienes lo eligieron senador, pues lo hicieron para que legislara, no para que, por venganzas, impidiera a los demás congresistas trabajar, es decir, que se opusiera a quienes obedecen el mandato popular.

Él es así. Un personaje de quinta al que le importan un sieso sus obligaciones, mientras pueda entorpecer el trabajo legislativo y oponerse, porque sí, al gobierno popular del presidente Gustavo Petro, algo que este Leónidas de paquete barato jamás podrá ser.

Esa imposibilidad lo llena de amargura, porque, en esos contadísimos momentos en que piensa, comprueba lo incapaz que es.

Disgustado con Petro, levantó la sesión del Senado que comenzaría a estudiar la reforma pensional, solo porque, en el colmo de la ambición y la soberbia quiso, inútilmente, equipararse al mandatario.

¡Qué iluso y torpe! es este barranquillero asimilado bogotano, remedo de congresista, verde por fuera, renegrido por dentro, de ademanes confusos y verborrea (diarrea verbal) estúpida.

¿Quién se habrá creído que es? ¿Qué personaje es así, como él, gordiflón, mofletudo, como que sí como que no, lambón como pocos con la ultraderecha, convencido de que es el dueño del Congreso y de las leyes? La verdad, ninguno. Solo él es como él.

Íncubo político de liberales corruptos y verdes ingenuos, con todos los vicios de la derecha extrema y corrupta a la que sirve.

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