China reivindicó su derecho y el de todos los estados, a emprender actividades en el Círculo Polar Ártico.
Así lo expresó en una declaración en la que señala además que “Estados Unidos no debe utilizar a otros países como excusa, para perseguir sus propios intereses egoístas”.
La declaración china es respuesta a declaraciones reiteradas del presidente de Estados Unidos Donald Trump, de tomarse, “por las buenas o por las malas” a Groenlandia, una enorme isla autónoma bajo la soberanía de Dinamarca, que ha conmocionado a Europa y al mundo, en especial luego de la invasión militar a Venezuela y del secuestro de su presidente, Nicolás Maduro.
Con Groenlandia, Trump aspira a evitar que potencias como China y Rusia accedan al Círculo Polar Ártico, vecino de la gran isla europea, considerada de vital importancia estratégica.
“El Ártico afecta a los intereses generales de la comunidad internacional”, dijo la Cancillería china “Las actividades de China en el Ártico tienen como objetivo promover la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible de la región, y se ajustan al derecho internacional”.
“Si no tomamos Groenlandia, Rusia o China lo harán, y no voy a permitir que eso suceda... De una forma u otra, vamos a quedarnos con Groenlandia”, había declarado Trump un día antes a bordo del Air Force One, el avión presidencial, en su enésima amenaza verbal sobre el territorio autónomo danés.
Las intimidaciones y advertencias de Trump y su Administración han puesto en guardia a Copenhague y el resto de capitales europeas ante el principal aliado de la OTAN, sobre todo después del ataque relámpago de Estados Unidos sobre Venezuela.
La intervención en América Latina ha marcado la apertura del año geopolítico, y ha abierto un enorme agujero en el derecho internacional.
En sus declaraciones sobre Groenlandia, Trump ha subrayado que no le interesa un acuerdo temporal, como el arrendamiento del territorio, sino una adquisición permanente. En otras intervenciones, ha asegurado que se hará con la vasta región, donde viven 56.000 personas, “por las buenas o por las malas”.
A medida que el casquete polar se retira por el aumento de las temperaturas, el Ártico se está volviendo un creciente foco de interés para las superpotencias: alberga petróleo, gas, minerales, abundante pesca.
Y promete un nuevo vínculo marítimo entre el Atlántico y el Pacífico, ofreciendo una alternativa a las rutas comerciales que pasan por el canal de Suez y el de Panamá.
China es uno de los contendientes y está haciendo avances. En otoño, un buque portacontenedores de este país zarpó desde el puerto de Ningbo, en la República Popular, hasta el de Felixstowe, en el Reino Unido, a través de esta ruta del norte, compleja y practicable de forma estacional.
Tardó 20 días, lo que supone un ahorro de 20 jornadas respecto a las 40 que suele durar la travesía de un mercante por el canal de Suez. Si persiste el conflicto de Yemen, que supone un riesgo para atravesar el golfo de Adén, es probable que esta ruta se vuelva aún más interesante.
El Gobierno chino insiste, como en otros terrenos, en que sus incursiones en la región son amistosas. “Más allá de su destreza técnica, el enfoque de China para desarrollar la ruta ártica da prioridad a la cooperación inclusiva sobre el control exclusivo”, expresaba en septiembre un editorial de Global Times, propiedad del Diario del Pueblo, órgano de propaganda del Partido Comunista chino.