Le sacan el culo

Por Dr. Polito

 

Hay dos deportes de moda en la política colombiana de estos días, y ambos son realmente divertidos.

Uno, practicado por la derecha, consistente en sacarle el culo a Rodolfo Hernández y preguntar quién es, y otro, por el resto de colombianos, para ver quién es el próximo que lo niega, y qué barbaridades dice de su excandidato presidencial.

Es parte de la infame actitud de la derecha (y ahí caben todos los partidos, tradicionales o no, que consideran al ultracorrupto Álvaro Uribe Vélez como el sanctasanctórum de la ética en general), de respaldar a quien sea, con tal de detener a las fuerzas progresistas colombianas.

El agravante es que está solo. Íngrimo. Como deben terminar los que roban o pretenden robar el dinero del pueblo. Bueno, no... No está solo. Lo dejaron solo. Lo abandonaron como mueble viejo y roto. Así son ellos: inmisericordes, cobardes, mala gente. Todos.

A una semana de que un juez de Bucaramanga condenara en primera instancia a prisión al delincuente Rodolfo Hernández, hay una pregunta con respuesta nula: ¿Quiénes fueron los 10.580.399 colombianos que votaron por él, que predicaban que después de él solo había posibilidad para el diluvio?

Hoy, el que millones suponían santo, enfermo terminal, está declarado delincuente en primera instancia. O criminal, que en lenguaje llano, como dicen los santandereanos que lo hablan, es lo mismo.

Parece que cuando su campaña era irreversible, cuando ya nada había que hacer para frenarla, se arrepintió y comenzó a dar señales de que no quería ser presidente.

Quizás fue una reacción inconsciente, pero se le abona, en especial si se compara con gente que ha llegado a la Casa de Nariño acaballada en el delito, y se ha mantenido allí gracias al crimen, y hoy, cuando todo el mundo sabe quién es quién, ni siquiera sienten rubor de lo que son.    

Hoy, hasta la cuestionada periodista Paola Ochoa, que por 48 horas fue fórmula vicepresidencial del exalcalde de Bucaramanga, dice sentirse triplemente engañada por él.

Y tiene razón: aún sin llegar a la pubertad, sin conocer nada del mundo, a la bebita la engaño no solo Rodolfo sino toda la plaga de líderes del uribismo y de otros partidos que le hicieron ver que Rodolfo era el hombre. Pobrecita: se lo metieron hasta por los ojos, y ella, ingenua, inocente, inexperta, creyó todas las mentiras.

Desde luego, Ochoa ya le sacó el culo al enfermo delincuente que le propuso ser su vicepresidenta.
Cabe preguntarse cómo personas como Ochoa y millones de otras se creyeron el cuanto chimbo de que al llegar Hernández a la presidencia, la corrupción terminaría, como él lo dijo en casi todos sus discursos.

Si hasta prometió “darle su tiro, hijueputa”, a un contratista que le reclamó por algo justo, y él, ensoberbecido, como siempre, lo creyó uno de los corruptos que se encargaría de eliminar. Lo tomó literalmente, y estuvo a punto de convertirse en asesino.

Otra pregunta: ¿quiénes eran los gobernantes no corrupto, a cuyo nombre se inscribió Hernández como candidato? Quizás eran él y su hijo, aún más corrupto, porque además de presionar ilegalmente para que el contrato del tratamiento de basuras de Bucaramanga se lo dieran a Vitalogic, empresa en la que tenía muchos intereses, llevó al papá a delinquir.

¿Alguien sabe qué hagan vuelto a decir de su pulquérrimo candidato, políticos de pague uno y lleve tres, como el atembao vargallerista David Andrés Luna Sánchez; el señor Veleta Enrique Peñalosa Londoño; el alias Fico Federico Andrés Gutiérrez Zuluaga; la peligrosa Íngrid Betancourt Pulecio; la ultragoda y fascista María Fernanda Cabal; la aristocrática y regoda y fascista Paloma Susana Valencia Laserna, y los insignificantes, Jorge Enrique Robledo y Juan Manuel Galán?

¿Viven? Y ¿qué pensarán de ellos mismos y de su corrupto excandidato?

¿Al menos le habrán hecho saber que lamentan la gravedad de su estado de salud? Claro que no. Ninguno. Nadie.

Hoy, algunos, si les preguntan por su voto en la pasada elección presidencial, levantan las manos mientras piden “a mí, que me esculquen…”

En las redes sociales preguntan, también, por lo que hayan dicho un tal JP Hernández (¿quién es?..hasta podría ser hijo del corrupto condenado, pues es de Bucaramanga y tiene su apellido) y un tal Enrique Gómez Martínez, si es que existe, pero nadie sabe nada. Ni sabrán.

Pero, como estos últimos, desconocidos, anónimos, intrascendentes, millones de otros, estos sí, colombianos de carne y hueso, respaldaron con su voto al virrey de los corruptos de Bucaramanga.

Porque hay quién le gana. O quienes...

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