¡Quieta, Margarita!

Margarita Cabello le da órdenes a la Policía, algo que solole corresponde al Presidente de la República. Foto: Redes sociales.

¡Ay!, la prensa del viejo establecimiento… La azuzadora, la tirapiedra por mano ajena, la corrupta, la de los periodistas a los que el pueblo les dice prostitutas y prepagos.

No se ha ido aun el aspirante frustrado a reemplazar al presidente Gustavo Petro (el lunes será día de júbilo limitado), y ya le están casando pelea a Petro con la procuradora general, la despistada Margarita Leonor Cabello Blanco.

Un medio de esos que se creen el sanctasanctórum de la verdad, dijo este sábado que “Petro tiene ahora en la ‘mira’ a la procuradora Cabello. La provoca, a irrespeta y desconoce su autoridad”.

Todo, porque el presidente la puso en el sitio que, por su cargo, nunca debe abandonar y le exigió no darle órdenes a la Policía.

En algo tiene razón la publicación: no solo Petro, sino muchos dirigentes, incluido el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, no están de acuerdo con la Procuraduría General de la Nación.

No es más que un búnker burocrático, que gasta a manos llenas el dinero del pueblo, sin control alguno.

No hay lógica alguna en invertir 30,000 millones de pesos en remodelar dependencias adecuadas un año antes, ni en comprar, por el doble del precio, unas lujosas oficinas en Barranquilla, solo para hacer lo que le asigna la Constitución a la Procuraduría: prevenir y vigilar la conducta de los servidores públicos y la de los particulares que ejerzan funciones públicas.

Tampoco hay lógica en beneficiar, contrato tras contrato, a una firma de abogados amigos.

Así, no es, ni será función, de ningún procurador, menos de Cabello, coadministrar el país y atribuirse funciones presidenciales. Eso es abuso.

El jueves pasado, en un mensaje destemplado, Cabello olvidó sus funciones y se creyó presidenta. Por eso exigió (exigimos, escribió en el tono papal de los burócratas opositores), “de la fuerza pública y del señor Salamanca que actúe con la contundencia suficiente para garantizar no solo la vida de los magistrados que se encuentran dentro del Palacio de Justicia, sino, además, la institucionalidad de nuestro país”.

Institucionalidad que todos los colombianos deben respetar, menos ella, porque usurpar funciones del presidente es atentar contra la institucionalidad, aunque, a Cabello le sea imposible entenderlo.

Con absoluta razón le respondió que ese no era su papel.

“Las órdenes a la Policía las da el presidente de la República, así que le solicito a la procuradora mesura. No abuse de sus funciones”.

Y es un abuso, como lo es decirle al canciller Álvaro Leyva, a través de los medios, que hay que defenderse dentro del proceso (que le sigue) y no por medios.

Significa que usar los medios solo le es permitido a Cabello, para acusar, pero no a los acusados para defenderse. Es la lógica descabellada de Cabello.

Eso de tener una procuraduría, con un ejército de empleados, no es más que un embeleco para facilitarles a los políticos satisfacer las exigencias burocráticas de sus conmilitones, y darle al jefe la oportunidad de tener sueños presidenciales.

Como le ocurre a Cabello, que, ante los problemas legales que ha tenido el grupo que la respalda, piensa que ella es la llamada a ocupar la oficina principal de la Casa de Nariño.

Es tan ilusa, que ya usurpa funciones, en una situación en la que, parodiando a Wilfrido Vargas, solo cabe preguntar: ¿qué hiciste, procuradora abusadora?

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