El día de caos y violencia existió solo para la gran prensa corrupta

Los líderes de todos los órganos de seguridad del Estado, dijeron en esta reunión presidencial que, salvo dos incidentes, en Medellín y Bogotá, el jueves en Colombia hubo 71 manifestaciones convocadas por Fecode, que se desarrollaron en total calma. Foto: Presidencia.

 No lo dice el Presidente Gustavo Petro. Lo sostienen la Policía y las Fuerzas Militares y todos los organismos de seguridad.

El jueves pasado, en todo el país hubo 71 marchas y concentraciones de ciudadanos en respaldo a Petro y en rechazo a la ruptura institucional en la que está empeñada la oposición.

Con excepción de dos incidentes pasajeros, en Medellín y Bogotá, todo se desarrolló de manera pacífica.

Sin embargo, para la llamada gran prensa, la que se hace llamar institucional, el jueves fue un día de caos y violencia en el que el país estuvo casi al borde de su autodestrucción.

Y basaron su enfoque en declaraciones de personajes que sobreviven de milagro en el mundo político y de funcionarios timoratos que defienden lo indefendible.

Desde la Corte Suprema de Justicia hubo gritos estentóreos en el sentido de que “la democracia queda en vilo cuando cualquier sector o actor de un país pretende presionar política, física o moralmente decisiones de la justicia”.

En contraste, ninguna voz magistrada llega a ese dramatismo cuando, en verdad, la democracia queda en vilo con supremos jueces que fallan por dinero o por otras prebendas.

Entonces, el silencio es absoluto. Si acaso, hay comentarios sotto voce en la intimidad de los clubes sociales que frecuentan altos jueces y políticos.

Hasta ahora, ningún magistrado ha rechazado, al menos con la misma vehemencia, la toma de partido por el Fiscal General de la Nación, mucho menos mostrado siquiera preocupación por las reiteradas denuncias de corrupción tanto de Francisco Barbosa como de la vicefiscal Martha Mancera.

Y eso que, en este caso, hasta fotografías se han publicado de ella, en traje de baño, departiendo con personas señaladas de narcotráfico.

Las 71 marchas, convocadas por la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) buscaban que la Corte cumpliera con su obligación de elegir una fiscal.

Al fin y al cabo, del presidente para abajo, todos los servidores del Estado son eso, servidores, a los que el pueblo les paga sus excelentes salarios para que trabajen.

Ninguno, ni el presidente, pueden estar por encima de la voluntad popular traducida en mayorías.

Tanto Barbosa como Margarita Leonor Cabello, como el presidente de la Corte, Gerson Chaverra Castro, por citar los funcionarios de mayor nivel, son empleados de los ciudadanos. También Petro, pero él lo sabe.

A todos se les paga con dinero del obrero asfixiado en deudas, del oficinista que estira su salario a fin de poder llegar a fin de mes, del empresario honrado y leal con el Estado (generalmente, así no son los grandes industriales); en fin, de todo el que le entrega al estado algo de lo que recibe.

Que, de manera directa en las urnas, o delegada, los ciudadanos les hayan entregado a ciertas personas el poder del Estado para que lo administren en beneficio de todos, no indica que ellas personas se conviertan en intocables dioses del Olimpo criollo.

Que se vayan bajando de esa nube… ellos, todos, sin el poder temporal que se les entregó, no son ni más ni menos que cualquier otro ciudadano.

El problema real es que todos ellos, de una u otra forma, son corruptos. No todos delinquen, claro, pero a todos los corrompe el poder.

Distorsionar la realidad de manera intencional, para obtener algún beneficio particular, es corrupción.

Y eso les ocurre no solo a los servidores del Estado, sino a los medios de comunicación que, un día después, muestran a Colombia como lo que siempre anhelan: de regreso a la guerra.

Eso les conviene, no solo a los medios, sino a los políticos, que han vivido de instigar para que unos colombianos maten a otros, ya sea armados por ellos mismos o por los políticos ultracorruptos que se han creído dueños, no solo del poder y del Estado, sino de las vidas de los colombianos.

Pero se van a quedar con las ganas. Con muchas dificultades, propiciadas algunas desde los medios tradicionales, Colombia está de regreso de la carnicería. Y no volverá a la matanza.

Por fortuna comienzan a surgir voces que contrarrestan a esa gran prensa, grandemente corrupta. O, ¿por qué creerán sus periodistas que les llaman prostitutas y prepagos?

Son los medios alternativos, como este, los que le enseñan al pueblo a ver el otro lado de la realidad, ese que siempre le han esquilmado desde los periódicos, y desde las radios y canales de Tv que, para distorsionar lo que sucede, usan frecuencias del estado. Es decir, del mismo pueblo al que engañan.

Siguenos

Lo más leido

Animal Político

Bogotá - Colombia
Teléfonos (+57) 316 2663088 - (+57) 3017683667
denuncie@animalpolitico.co

Información

Contacto